Soledad No Deseada

Si nuestras sociedades han sufrido profundas transformaciones en las últimas décadas a nivel tecnológico, político, social, económico en nuestros países, también han conseguido mejoras sociales en dos grandes ámbitos como el sanitario y el educativo en la presente década. Mejoras que han repercutido en una vida más longeva y de mejor calidad para nuestros mayores, pero que han puesto de manifiesto la soledad del colectivo en nuestras realidades más próximas. Hemos pasado de una soledad necesaria para desarrollar ciertos aspectos de nuestro ser a una soledad no deseada que pone el foco de atención en un cambio de paradigma familiar, en la desigualdad económica, en el cambio de valores, en la transformación de los tiempos y hábitos de las personas (Puga, 2020). 

Hablar de soledad en la “vejez” implica hacerlo desde una perspectiva compleja y multidimensional donde confieren elementos de salud (física, psicológica, social), económicos e intelectuales (competencias, destrezas manuales y tecnológicas, actitudes, conocimientos). Como señala Bermejo (2016), es esa experiencia subjetiva que sentimos cuando no estamos satisfechos o nuestras relaciones son escasas o no responden a lo que esperábamos de ellas. Por ello, el concepto de soledad no deseada ha de ser analizado y valorado como un proceso de intervención, de cambio y de mejora para la persona. 

La temática de la vejez asociada a la soledad ha sido analizada por diferentes autores desde los años 60 del siglo pasado hasta la actualidad, señalando el envejecimiento como un hecho natural independiente de la soledad. Pero siempre hemos asociado el proceso de envejecimiento con la red social que el colectivo mayor se haya forjado a lo largo de su experiencia vivencial. Ello implica tener presentes los ejes que sustentan las relaciones sociales: la red social propiamente dicha, el apoyo y la participación sociales. 

La red social es el entramado y la estructura de las relaciones sociales que se evidencian en el valor emocional de la misma, en su tangibilidad y en el tamaño que posee. El apoyo socio-contextual es el espacio relacional que tenemos los sujetos para recibir ayuda emocional, familiar, comunitaria, material o inmaterial. Siendo la participación social el resultado de la frecuencia y la calidad del desarrollo de actividades dentro de la propia red. Nuestra red social está en evolución permanente y en la vejez esos cambios se hacen más notorios y repercuten también en la soledad. Tanto la teoría de la desvinculación (reducción de amistades por razones de disminución de salud física) como la de la selectividad emocional (la opción del menos es más reduce el número de relaciones interpersonal) o la del acompañamiento social (resultado de la evolución y de los cambios personales de valores, situacionales, filosóficos que implican una reducción y selección que afectan a la calidad y cantidad de las relaciones), puede ser un indicador para una lectura del concepto de la soledad en cuanto que la reducción de dicha red favorezca el sentimiento de soledad, pero no lo define. Una lectura lineal de la soledad equiparándola a aislamiento implica una visión reduccionista de un concepto complejo y que, sin embargo, requiere de un abordaje poliédrico. 

Así, el abordaje de la soledad dará cabida a aspectos emocionales como: la tristeza, la melancolía, la vergüenza, la frustración, la desesperación e incluso a sentimientos de aislamiento, vacío, exclusión, pero también de valoración de lo que se espera y lo que realmente se posee o tiene, hasta causas objetivas como la inexistencia de relaciones o la opción de carecer de ellas. En definitiva, el concepto de soledad es el resultado de la interacción de diversas variables personales y socioculturales que configuran un concepto dinámico y cambiante que atendiendo a la persona que la experimenta pone el énfasis en factores más interpersonales o extrapersonales vinculados a eventos vitales como enfermedad, vejez, jubilación, hijos, renta, vivienda o aficiones (Victor y Sullivan, 2015; Victor, et al., 2009). 

La soledad es uno de los retos a los que se enfrentan las sociedades de los países desarrollados donde la calidad de vida y el bienestar han permitido un envejecimiento en las últimas décadas más prolongado en el tiempo y que seguirá incrementándose en las próximas décadas. Por ello, las políticas han de ser una oportunidad de innovación social, tanto para las personas como para las sociedades que las acogen; y la soledad, si no es deseada, es un síntoma del modelo de convivencia que reclama cambios en un mundo que es perverso y donde el edadismo está cada vez más presente (Yanguas, et al., 2018). 

La soledad no deseada es un tema de suma relevancia dentro del marco europeo y en concreto dentro del contexto del proyecto Caxato. La adquisición de competencias de inclusión, de valores identitarios y culturales a través del Camino de Santiago se convierten en instrumento para la lucha contra la soledad no deseada, favoreciendo el envejecimiento activo y la educación a lo largo de la vida como garantías de mejora de la calidad de vida.

Referencias: 

Bermejo Higuera, J.C. (2016): La soledad en los mayores.Ars médica. Revista de Ciencias Médicas, 32(2), 126-144. 

Puga González, M.D. (2020): Demografía de la soledad. En Yanguas, J. (Dir), El reto de la soledad en las personas mayores (pp.43-65). Fundación la Caixa. 

Victor, C. & Sullivan, M.P. (2015). Loneliness and isolation. In Twigg, J. and W. Martin (Eds.), Handbook of Cultural Gerontology (pp.252-260). Routledge. 

Victor, Ch., Scambler, S., & Bond, J. (2009). The Social World of Older People. Understanding Loneliness and Social Isolation in Later Life. Open University Press. 

Yanguas Lezaun, J., Sarasola, A.C., Chamorro, S.H., Pinazo-Hernandis, S., Roig i Cannals, S. & Segura Talavera, C. (2018). El reto de la soledad en la vejez. en ZERBITZUAN, 66, 61-75.   

Conceptos relacionados: edadismo; envejecimiento activo; participación social