Competencias Para Educadores De Personas Adultas

En el proceso de intervención socioeducativa destaca la figura de las personas que ejercerán el papel de educadoras de adultos, ya que su función se determinará por la capacidad de dinamizar y motivar a las personas asistentes al proyecto a aprovechar las oportunidades pedagógicas que les brindará la experiencia. 

Asimismo, Medina y Domínguez (2001, p. 375) enumeran las siguientes competencias de las personas educadoras de personas adultas, y en ellas se puede advertir que las competencias vinculadas al saber ser adquieren una gran relevancia: 

  • Comprender el sentido de la formación y educación permanente. 
  • Diseñar y desarrollar actividades para grupos específicos de personas adultas.  
  • Configurar modelos y procesos de cambio personal e institucional, que incida en la creación de ámbitos de desarrollo sostenible.  
  • Anticipar modelos de desarrollo sostenible y mejorable de las comunidades y espacios en evolución. 
  • Generar procesos y programas de formación para capacitar a las personas adultas. 
  • Promover actitudes de investigación que aporten espacios de mejora en el desarrollo de las personas adultas. 
  • Analizar las principales innovaciones en la educación de personas adultas
  • Avanzar en procesos de transformación profesional, institucional y humana, que conviertan a cada formador en el protagonista del cambio educativo y del desarrollo integral de las comunidades.  

Este compendio de competencias y áreas de competencia hace comprender que la persona encargada de la educación de las personas adultas debe dominar tanto aptitudes como actitudes para promover que los discentes puedan adquirir saberes pero que también exhiban una actitud favorable para el desarrollo y no se muestren reacios a la realización de actividades. 

Resulta esencial incidir en un marco competencial para educadores de personas adultas implica (re)pensar el carácter y sentido que tiene la educación a lo largo de la vida en el desarrollo del adulto mayor. El marco nos permite resaltar cuáles son las habilidades claves de la persona educadora, y determina cuáles son las necesidades del adulto mayor para participar en la sociedad. 

En el marco de acción del proyecto Caxato cobran gran importancia aquellas competencias vinculadas al saber hacer y al saber ser, ya que se trata de hacer del proyecto una experiencia en la que los participantes puedan desarrollarse personal y socialmente. Es una experiencia centrada en la educación de personas adultas que responde a uno de los propósitos de la educación para la vida, identificado con la búsqueda de que todas las personas participen en la sociedad y que además se encuentren en sintonía con los cambios que se producen.

Referencias:

Medina, A., y Domínguez, M.C. (2001). Formación del formador de personas adultas: de la realización profesional a la transformación permanente de los entornos comunitarios. Enseñanza, 19, 353-383. https://revistas.usal.es/tres/index.php/0212-5374/index 

Conceptos relacionados: educación permanente/educación a lo largo de la vida; envejecimiento activo